Narcoperiodismo: reportear desde el silencio

Narcoperiodismo: reportear desde el silencio

Por Gabriela Trinidad Baños

Han pasado más de dos meses desde que se cometió el asesinato del periodista Javier Valdez Cárdenas, sin que hasta la fecha se hayan dado resultados sobre el avance de las investigaciones. En marzo pasado, el autor de las crónicas de Malayerba, a quien se le reconoció con el Premio Internacional a la Libertad de Prensa del Comité para la Protección a Periodistas de Nueva York, estuvo presente en la FILEY, donde presentó lo que fue su última obra: Narcoperiodismo. Les ofrecemos esta reseña del libro.

  Los gritos de ayuda que encierra el libro Narco periodismo develan la angustia de una nación que se ahoga en la sangre de quienes la habitan, y Javier Valdez recupera las voces de periodistas que tuvieron que huir para salvar sus vidas y poder denunciar la violencia que se vive en el país.

La llamada de atención que Valdez Cárdenas hace desde el prólogo nos sitúa en el estado de ánimo de quienes son y fueron callados por ser periodistas. La desesperación y el dolor de quienes no pueden cumplir con su trabajo al ser amenazados o extorsionados, son constantes. El escritor narra la forma cómo el cuerpo manifiesta el miedo en un tiroteo: temblores, lágrimas y muertos son parte de los recuerdos de quienes deciden informar para los periódicos o forman parte de alguna redacción.

Cuando entre los poros se transpira indignación, Valdez Cárdenas en “Tamaulipas y el periodismo del silencio” presenta la historia de Érick David Muñiz Soto, reportero en Nuevo Laredo que presenció cómo en esa zona los grupos delictivos se disputaban la ciudad. Los narcotraficantes controlaban la redacción del periódico, las carteras y hasta los funcionarios donde Muñiz Soto publicaba.

Ahí, el autor integra varias preguntas hechas a Érick Muñiz en donde responde cómo la censura a los periodistas los hace tirar a la basura noticias sobre el narcotráfico. La historia contiene datos sobre las fechas en que sucedieron los atentados a los periódicos y los secuestros, así como también de las capturas de integrantes del crimen organizado.

En “La represión silenciosa”, el periodista José Raúl Torres habla sobre lo frustrante que es trabajar en un periódico, y no poder publicar los hechos ocurridos por la censura de los narcotraficantes o de los mismos jefes quienes intentan protegerse para no recibir represalias. La indignación de ver un periodismo que solo cubre las agendas de los políticos y de eventos que son aprobados, es lo que responde Torres al preguntarle cuál es el diagnóstico del periodismo que se hace en Jalisco.

De igual manera, se encuentra la opinión de Sonia Serrano, periodista y abogada que señala que el delicado problema que tiene el periodismo es con la clase política y las condiciones de los medios, específicamente el bajo salario. El riesgo, señala la comunicadora, es permanente en marchas, en su casa, en las calles y hasta en su edificio de trabajo.

Ernesto Martínez Cervantes “El Pepis”, es quien da comienzo al apartado “Cobrar por muerto”. Su labor era informar para el periódicoNoroeste de Culiacán sobre todos los hechos policiacos. La historia de este fotoperiodista revela que quien se expone a los eventos peligrosos quedan afectados, ya no vuelven a ser igual. Unos se retiran y otros se quedan por compromiso social.

En general, Javier Valdez Cárdenas descubre las voces de los periodistas y les da un espacio donde verter la tristeza, pero de igual forma las verdades de nuestro país. Narcoperiodismo se publicó el año pasado bajo el sello editorial Aguilar. Es una de las obras que enmarca el testimonio de periodistas que presencian hechos violentos causados por el crimen organizado, reporteros que expresan sus miedos y la desesperación de no poder hacer nada. Una obra imprescindible para comprender a un México situado entre los países más peligrosos para ejercer el periodismo.

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