Reconocer en la ficción la realidad: Víctor Garduño

Reconocer en la ficción la realidad: Víctor Garduño

Por Gabriela Trinidad Baños

 

Como cada martes, la Biblioteca “Manuel Cepeda Peraza” lo espera al atardecer. La presencia del escritor Víctor Garduño Centeno en aquel recinto, hacía juego con los libros por la experiencia y la calidez de su semblante. La entrevista requería alejarse del ambiente conspirador del lugar: en las mesas, antes del patio, la luz iluminaba su memoria. Con una mirada en el pasado, contó sobre la inclinación que tuvo en su infancia por la literatura, en donde se “imaginaba hablar de cosas interminables y grandiosas, algo así como épico. Pero nada más eran como sueños.”

Habló de la curiosidad que de niño sintió al encontrarse con libros de su padre y a leer “clandestinamente” cosas que éste escribía. Aquel recuerdo terminó cuando el autor pronunció, “ese es el inicio”. Al recobrar el presente, narró el momento en el que tuvo más consciencia de su pasión por los cuentos.

“Cuando yo ya había concebido el género que me interesaba, empecé a escribir cuentos, a hacer apuntes para otros cuentos”. Así, respondió a una convocatoria de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), en donde concursó con uno de sus escritos y fue aceptado en el taller literario de la institución. “Es ahí donde me empiezo a integrar al contexto”.

Al encontrarse en sus ojos las remembranzas, dijo que poco a poco se fortaleció su intención de escribir cuentos y de publicar un libro. Y con una sonrisa, recordó que “el taller era una sesión por semana y yo a veces acudía con un cuento y como era un grupo numeroso por épocas, no había oportunidad de leer y quedaba uno en espera. Y hubo un tiempo que yo cada semana tenía un cuento nuevo, por lo que fue muy motivante.”

Mientras contaba que sus aspiraciones involucraban tener un grado académico muy alto, una sonrisa apareció en su rostro y afirmó que el taller fue importante para él ya que ahí se dio cuenta que estaba equivocado, que no era el título lo que realmente buscaba.

Víctor Garduño ha escrito cuento, ensayo, artículos periodísticos y un poema. Su primer libro fue “Los otros misterios”, con el que ganó mención honorifica en el Concurso Estatal de Literatura en el año 1987. La UADY, por su parte, editó “Vivirás como si fuera cierto”, una colección de cuentos; de igual forma, “Noción de infierno”, textos publicados por Ediciones de la Gorgona, una editorial yucateca independiente. Siguió con “Designios de la noche”, publicado por La Tinta del Alcatraz, de Toluca, Estado de México.

“Es muy difícil que alguien exista en el planeta de cualquier edad, raza, religión, sea culto o no, que no haya tenido contacto con un cuento. Tal vez lo escuchamos, inventamos, o lo leímos, pero siempre hay un cuento”, dijo.

Y agregó: “El origen de esa intención de escribir cuento, incluso de leer cuentos es algo que tenemos en el interior, es algo que está apunto de aflorar y a veces no nos damos cuenta. Cuando llegamos a apreciar este género lo empezamos a buscar en nosotros mismos y vemos que si hay madera para hacer cuentos.”

El autor explicó que no hay escritores que lo inspiren, pero sí que lo corrijan, como Juan José Arreola, Antón Chéjov, Edgar Allan Poe, Jorge Luis Borges, Felisberto Hernández, Juan Rulfo y Julio Torri.

“Si partimos desde el cuento antiguo, vemos que hay una diferencia muy grande entre lo que se escribe ahora, abismal. De hecho, se han usado algunas cosas que se utilizaron desde el principio como la intención de dar algún consejo útil, que eso ya está completamente descontinuado, creo que esto puede devaluar bastante cualquier manifestación artística, cualquier creación. Pero irremediablemente se relaciona al cuento con esas expresiones algo así como sus antecedentes y va evoluciona hasta el cuento moderno con Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga, y luego al cuento contemporáneo”, expuso.

En opinión de Garduño Centeno, la diferencia entre el cuento se ejemplifica con una regadera y un embudo. “La novela es como el agua que desemboca en una regadera, se dispersa. En cambio, el cuento es como si pusiéramos un embudo, el agua, solo cae en un solo punto. La diferencia está en que el cuento solo puede tratar de un asunto, en cambio la novela puede tener muchos”.

Al hablar sobre el taller de cuento “Hipogeo”, el cual coordina, comentó que era una aspiración personal, en el que el tiempo y la experiencia lo hacían dudar, pero su anhelo de hacer algo diferente lo motivo a llevarlo a cabo.

El ofrecer a las personas un espacio creativo sin costo e independiente fueron dos de los objetivos principales. El único requisito para participar en el taller es que sientan pasión por el cuento.

Como resultado del ejercicio creativo semanal, nació la antología “Lo breve, si bueno…Cuentos de Hipogeo”, donde se reúnen cuentos de 10 integrantes, consecuencia de un año y medio de trabajo.

“Repudio mucho cuando la gente dice que un cuento está basado en la vida real, o sea ¿la vida real está en tu cuento? No, para eso abro mi ventana. En cambio, creo que es mucho más valioso que alguien lea algo estrictamente de ficción, que se sentó a inventarlo y cuando lo lea alguien diga, si, esto es cierto, esto le paso a mi abuelita.”

Con emoción, Víctor Garduño aseguró que como parte de sus próximos proyectos esta escribir más cuentos, publicar ensayo, terminar una novela y continuar con el taller. “Nada debe ser eterno, solo espero que el cuento sí lo sea”, finalizó.

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