Iraida Noriega, “Quién eres tú quimera errante”

La noche tenía la magia de la expectativa, los asistentes al concierto se miraban a los ojos confirmando la llegada de Iraida Noriega al teatro del Centro Cultural Dante. Las luces se apagaron, un contrabajo y una guitarra acompañaron a Gina Osorno quien preparaba el ambiente con la luna y el azul de sus canciones.

En la oscuridad, un video del pianista Freddy Noriega interpretando “Farolero”. La gente entre susurros  pronunciaba “yo soy pez de rio, tu eres pez de mar”, mientras que en la sombra ojos llenos de recuerdos se iluminaban.

La luz tocaba la rosa en su cabello, la zapatilla en el descanso y su respiración calma. Con una sonrisa empezó con el homenaje a su padre en forma de carta. Llena de preguntas sin respuestas, anhelaba narrar a través de canciones aquellos momentos que no presenció.

La cantante recordó que desde muy pequeña tuvo una inclinación artística. “Todos los años íbamos a Nueva York a visitar a mi familia cubana y diario dábamos show y cantábamos canciones y les hacíamos bailes. Teníamos una familia que estimuló el talento artístico.”

Como un poema al oído, su voz atravesaba nuestros ojos, mientras que la melodía acompañaba el lento movimiento de cabeza. “Déjame contarte” fue el tema que se apoderó del escenario con la intensidad de las palabras que llevan mucho tiempo guardadas.

Abraham Barrera en el piano conducía las emociones del pasado que emergían en cada nota, por lo que la intérprete relató que a la muerte de su padre fue Fernando Toussaint quien la recogió en el aeropuerto y desde ese momento se construyeron lazos importantes con los músicos de la generación de Freddy Noriega.

Ella tocaba el viento que sonaba a ukelele, sus dedos magistrales interpretaban ritmos del bosque de Comomila, dedicado a su hijo quien no tendría la oportunidad de conocer al pianista Freddy Noriega, pero quien lleva el legado de la música en sus venas.

Las vibraciones de cada cuerda guiaban aquella voz que vivía y moría en los asistentes. “Delirio” estuvo acompañada de recuerdos sobre cómo vivieron su hermano y su madre la pérdida, el dolor, la soledad, pero sobre todo la necesidad de no olvidarlo jamás.

El público atento se adaptaba a los silencios y al ritmo que hacía de la noche no de lágrimas si no de sonrisas cómplices de saber que la música atraviesa el alma. Su música habitaba en los poros de los asistentes, y con maestría logró cambiar una lágrima por un sonrisa sin precedente.

En el silencio estático de sus pupilas y el hipnótico piano, el aire fresco de la madrugada cerraba el homenaje dando paso una invitada sorpresa y a ritmos más alegres. Malena Durán e Iraida Noriega deleitaron al público con “La puerta” y otros temas que sorprendieron por hacer una versión más audaz de piezas clásicas.

La jazzista mexicana interpretó “Luminosa” una de las canciones que conforman su nuevo disco con  Groovy Band.  Los matices de su voz se adaptaron a las emociones que deseaba, por lo que el público no paraba de aplaudir.

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