Señorita Vodka, de Susana Iglesias

Por Grabriela Trinidad Baños

Una mujer camina con tacones altos, labios rojos y un vestido estrecho, al día siguiente se encuentra en la barra de un bar junto al cantinero. Las calles, los centros nocturnos y los bares son su rutina. En “Señorita Vodka”, Susana Iglesias narra los excesos de una teibolera, su predilección por el alcohol, su doloroso amor por W. y las experiencias sexuales con otros hombres que son usados para olvidar, por momentos, la soledad.

Las calles de la Ciudad de México y Los Ángeles son los lugares en donde la bailarina nocturna relata sus encuentros casuales en bares. Judas, Mike, García y Pavel son hombres que alguna vez estuvieron entre las sábanas con ella, pero solo uno, W., ha sido el causante de su agonizante amor.

Cartas dedicadas a Judas llenas de confidencias y reclamos tienen lugar en la obra. Tener un revolver con una bala, una botella de vodka y una razón para desaparecer se convierten en pensamientos constantes al bailar y sentir el tubo entre las piernas.

No sé equivoquen, la bailarina no se arrepiente, le duele y lo soporta, las palabras y la realidad la atraviesan pero es consciente de que no necesita a nadie, ni siquiera de la persona a la que ama.

El mundo es una bolsa de basura y ella lo sabe, sin embargo, besar a Mike en los labios le proporciona placer, amor, una mano que evita que jale del gatillo. Sus pocos encuentros reviven solo en su memoria.

García es un judicial, compañero de tacos y de noches violentas que pretenden destruir esa huella de amor que quiere renacer.

En las noches también encuentra gente buena como Pavel, un cantinero que le prohíbe el vodka cuando las sombras de las culpas se cuelan por la puerta. Ocho vasos de agua que le devuelven el orgullo de no caer en los brazos de un hombre que no la quiere.

Una llamada es suficiente para reunir a W. y la señorita vodka en aquel departamento. Palabras dulces y gestos groseros bastan para que hagan el amor toda la noche, sus cuerpos desnudos no se preocupan por la opinión del otro solo necesitan sentir algo mutuo, sea odio o amor, no importan todo culmina entre las sábanas.

La obra de Susana Iglesias retrata el orgullo y la vida de una bailarina nocturna que no se detiene ante nada, su ego y su pasión pueden por sobre todas las cosas. Diversos son los intentos por huir del dolor, pero el placer de caminar por las noches en tacones altos, con labios rojos y un vestido entallado es más fuerte.

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